Cultura
“Casa de la Cultura Marcelo Pais”
por Charly Astorelli
Terminé de entender la muerte de nuestro amigo Marcelo Pais cuando Juan Pablo Gómez me pidió, un par de meses después de su partida, que grabara una publicidad rodante para un evento en la Casa de la Cutura. En una parte del texto tenía que decir: «Este sábado, en la Casa de la Cultura Marcelo Pais…». Y se me anudó la garganta cuando siquiera había dícho sábado. Pero es así. Todo hombre grande nunca pasa desapercibido, y ahora la Casa Tay Pichin, que nuestro último secretario de cultura modeló con calidez y entusiasmo, se llama “Casa de la Cultura Marcelo Pais”.
Caminando por las calles de su novela Black, que transcurre en San Marcos Sierras, o por las orillas de alguno de sus cuentos, Marcelo se habrá preguntado alguna vez cómo será la muerte de un hombre que se despoja de la intimidad de su nombre, para dejarlo plasmado en un lugar público. Seguro. Marcelo se lo habrá preguntado alguna vez. Cómo serían esos recuerdos, esos olvidos. Y los ojos le habrán brillado como siempre que encontraba una pregunta que le gustaba: entre curiosos y traviesos, inquietos, invitadores.
El Consejo Delibertante de San Marcos decidió el 9 de octubre último cambiar el nombre del edificio municipal sede de la Secretaría de Cultura. La iniciativa de Diego Herrero y Susana Sampayo le hizo honor a una persona entusiasta, que era un huracán creativo y que mucha de esa creatividad, la desparramó por las calles de este pueblo: cuando impulsó la creación de Apove y se juntó con los productores para revlaorizar un oficio agricultor que en San Marcos venía a la baja y cuyo último impulso importante fue aquella iniciativa, hoy aparcada en algún capricho del destino, que invitaba a revalorizar no solo una producción, sino una producción sana, sustentable y acequible para cualquiera . O cuando editaba la revista Mundo Orgánico que alguna vez me dio a corregir, con una mac vieja en un San Marcos todavía sin Internet.
Cuando en el Consejo Deliberante se cerró el tema votando por unanimidad la propuesta, hubo un aplauso cálido, fuerte y sostenido. Como cuando despedimos a Marcelo en el cementerio hace unos días nomás, en el mes más primaveral de 2012. Como lo habrán recibido en el lugar adonde descansan los hombres cuyos nombres recuerdan sus vidas, pero también tienen la pregnancia suficiente para nombrar casas, calles, puentes, plazas, ríos y otras cosas que son de todos.